Evaluación del desarrollo
Los hitos del desarrollo son las habilidades que la mayoría de los niños alcanzan a ciertas edades; por ejemplo, sentarse de forma independiente alrededor de los 9 meses, decir las primeras palabras alrededor de los 12 meses o dar sus primeros pasos entre los 12 y los 14 meses. Estos hitos nos ofrecen pautas útiles sobre cómo crecen los niños en áreas como la comunicación, el movimiento, la resolución de problemas y las habilidades sociales. Si bien cada niño se desarrolla a su propio ritmo, el seguimiento de los hitos nos ayuda a identificar patrones y asegurarnos de que el desarrollo avanza.
La evaluación del desarrollo se basa en esa idea. Es una breve «instantánea» estructurada de las habilidades actuales de su hijo en varias áreas del desarrollo. El propósito no es etiquetar, diagnosticar ni comparar niños; es simplemente verificar. La mayoría de las evaluaciones confirman que el niño se está desarrollando correctamente. En ocasiones, los resultados sugieren que un niño podría beneficiarse de una evaluación más detallada en un área específica. Cuando las preocupaciones se identifican a tiempo, el apoyo puede comenzar antes, y el apoyo temprano suele ser más sencillo y eficaz.
La evaluación funciona mejor cuando se realiza de forma universal y periódica para todos los niños pequeños, desde la infancia hasta la edad preescolar, utilizando herramientas fiables y basadas en la investigación. Esto garantiza que no dependamos de conjeturas y que detectemos problemas que de otro modo podrían pasarse por alto, especialmente en áreas más difíciles de detectar, como la comprensión del lenguaje o el desarrollo socioemocional.
Los padres son fundamentales en el proceso de evaluación porque son los expertos en su hijo. Observan a su hijo en sus rutinas diarias: a la hora de comer, jugando, a la hora de dormir, con sus hermanos y en entornos nuevos. Saben qué puede hacer cuando está descansado y cómodo, y qué sigue aprendiendo. Por esta razón, muchas herramientas de evaluación se basan en las observaciones de los padres. De hecho, las investigaciones demuestran que simplemente completar un cuestionario de desarrollo a menudo ayuda a los padres a comprender mejor las fortalezas de su hijo e identificar nuevas maneras de apoyar su crecimiento en casa.
La evaluación se considera mejor como una evaluación del bienestar del desarrollo. Abre la puerta a la conversación, no al juicio. Si los resultados son típicos, como suele ser el caso, las familias se sienten más seguras. Si surgen preguntas, no significa automáticamente que algo esté mal. Simplemente significa que vale la pena hablar sobre los próximos pasos. Esto podría incluir monitorear el progreso, repetir la evaluación en unos meses o buscar una evaluación más exhaustiva a través de programas de intervención temprana o educación especial para la primera infancia. A veces, esa evaluación confirma que todo está bien. Otras veces, conecta a las familias con servicios, como terapia del habla, terapia ocupacional o apoyo para el desarrollo, que pueden marcar una diferencia significativa durante estos importantes primeros años.
Sobre todo, la evaluación es solo una parte de un panorama más amplio. El apoyo más poderoso para el desarrollo ocurre en los momentos cotidianos. Hablar sobre las rutinas, hacer preguntas, cantar canciones, leer libros, explorar al aire libre y responder a los intereses de su hijo fortalecen el lenguaje, las habilidades de pensamiento, la comprensión social y la conexión. Esas interacciones constantes y sencillas son la base de un desarrollo saludable y son más importantes que cualquier otra cosa.
