El Padre Favorito

Muchos padres pasan por una etapa en la que su hijo claramente prefiere a uno de sus padres sobre el otro. Uno de ellos puede sentirse rechazado, mientras que el otro se convierte en la opción por defecto, abrumado. Puede ser frustrante e incluso un poco doloroso.

 

Pero es importante recordar que este comportamiento es muy normal y no se trata de amor ni favoritismo.

 

Por qué los niños a veces prefieren a un solo padre

 

Desde el principio, los bebés están programados para formar vínculos con los adultos que los cuidan. Este apego les ayuda a sentirse seguros y a salvo en el mundo. Con el tiempo, los niños suelen desarrollar una figura de apego principal: la persona en la que más confían cuando se sienten cansados, asustados o molestos.

 

En muchas familias, este puede ser el padre que dedica la mayor parte del tiempo a satisfacer las necesidades del niño. Pero también podría ser el padre que suele encargarse de la hora de dormir, de calmarlo o de otras rutinas.

 

A los niños pequeños también les encanta la previsibilidad y la rutina. A menudo quieren que el mismo padre haga ciertas tareas porque les resulta familiar y reconfortante.

 

A veces, la preferencia también implica control. Los niños pequeños están aprendiendo a ser independientes, y elegir qué padre les ayuda a servir la leche o a leer un cuento antes de dormir puede hacerlos sentir poderosos y escuchados.

 

 

Por qué puede resultar difícil para los padres

 

Esta etapa puede ser dura para ambos padres.

 

El padre o la madre preferido puede sentirse agotado por estar «de guardia» todo el tiempo. El otro progenitor puede sentirse dolido o rechazado cuando su hijo rechaza su ayuda o su consuelo.

 

Estos sentimientos son totalmente comprensibles. Sin embargo, es importante recordar que la preferencia del niño no significa que ame a uno de los padres más que al otro.

 

Los niños pueden mantener relaciones sólidas y seguras con ambos padres, incluso si uno de ellos es la persona a la que recurren en ciertos momentos.

 

 

Qué pueden hacer los padres

 

Si bien esta fase es normal, existen maneras sencillas de equilibrar las cosas.

 

– Trabajen en equipo.
Hablen con su pareja sobre las rutinas y las responsabilidades parentales para que ambos se sientan apoyados.

 

– Dediquen tiempo especial a cada padre.
El tiempo a solas ayuda a los niños a construir relaciones sólidas con ambos padres. Tradiciones sencillas, como un paseo, un cuento antes de dormir o panqueques el sábado, pueden ser muy útiles.

 

– Permitan que el otro padre intervenga.
Si usted es el padre preferido, trate de no intervenir de inmediato para resolver cada problema. Darle espacio a su pareja para consolar o ayudar a su hijo permite que su vínculo se fortalezca.

 

– Ofrezcan opciones en otras áreas.
Dado que los niños pequeños suelen buscar el control, permítales elegir cosas como su libro para dormir, su merienda o la actividad del día.

 

– No lo tomen como algo personal.
Los niños aún están aprendiendo cómo funcionan las relaciones. Sus reacciones se centran en la comodidad y el desarrollo, no en juzgar a sus padres.

 

El panorama general

 

La preferencia parental suele ser solo una etapa temporal. A medida que los niños crecen y adquieren más confianza, desarrollan vínculos sólidos con múltiples cuidadores.

 

Lo que más importa no es qué padre eligen en ese momento. Lo que importa es que los niños experimenten amor, calidez y atención constantes por parte de los adultos en su vida.

 

Esos momentos cotidianos —consolar un llanto, leer un libro juntos o compartir una risa— son los que construyen la base segura que los niños necesitan para prosperar.

 

Así que, si tu hijo pequeño insiste en que solo uno de sus padres le sirva la leche o le lea el cuento antes de dormir, respire hondo. No se trata de favoritismo.

 

Es simplemente que tu hijo te muestra dónde se siente seguro, y esa sensación de seguridad es uno de los mejores regalos que un padre puede dar.