Cuando llegan las rabietas: Qué no hacer (y qué ayuda en su lugar)
Incluso cuando sabemos cómo deberíamos responder a una rabieta, puede ser increíblemente difícil, en el calor del momento, no reaccionar de maneras que empeoren la situación. Las rabietas son intensas, emocionales y muchas veces inoportunas — y suelen ocurrir justo cuando ya estamos abrumados. Tomarnos un momento para pensar en lo que no debemos hacer puede ayudarnos a hacer una pausa y responder con más intención.
No invalide los sentimientos de su hijo/a
Lo que a nosotros nos parece “pequeño” o “sin importancia” puede sentirse enorme para un niño pequeño. Comentarios como “No es para tanto”, “Estás siendo ridículo/a” o “No hay razón para llorar” no calman a los niños; a menudo los hacen sentir incomprendidos o avergonzados. En lugar de minimizar, intente reconocer su perspectiva:
“De verdad querías el vaso azul.”
Validar no significa que esté de acuerdo. Simplemente significa que reconoce su experiencia.
No le diga cómo debe sentirse
“Cálmate.” “Deja de enojarte.” “No llores.” Estas frases rara vez funcionan, ni con niños ni con adultos. Cuando los niños están abrumados, necesitan ayuda para entender sus emociones, no para reprimirlas. Intente poner en palabras lo que observa:
“Estás frustrado porque la torre se cayó.”
Cuando los niños se sienten escuchados, a menudo se tranquilizan más rápido porque ya no necesitan intensificar su reacción para demostrar lo molestos que están.
No mienta para evitar una rabieta
Puede ser tentador decir que el iPad está “descompuesto” o que la tienda está “cerrada” para evitar el conflicto. Aunque eso pueda facilitar los próximos diez minutos, la honestidad construye confianza a largo plazo. Límites claros y tranquilos — “Hoy no vamos a usar el iPad” — enseñan a los niños que las reglas son firmes y confiables.
No lo haga sobre sus propios sentimientos
Decir “Me estás poniendo triste” o “Estás lastimando mis sentimientos” coloca en el niño la responsabilidad de sus emociones. Los niños aún están aprendiendo a manejar las suyas; no pueden manejar las de los adultos también. Un modelo más saludable sería:
“Estoy empezando a sentirme frustrado/a, así que voy a respirar profundo.”
Esto les muestra cómo reconocer y regular sus propias emociones.
No lo tome de manera personal
En medio de una rabieta, puede escuchar: “¡Te odio!” o “¡Eres malo/a!” Estas palabras duelen, pero no son una evaluación reflexiva de su carácter; son emociones intensas desbordándose. Mantenerse firme y calmado/a ayuda a su hijo/a a sentirse seguro/a mientras atraviesa la tormenta.
No use el sarcasmo
El sarcasmo es confuso y puede resultar humillante para los niños pequeños. Comentarios como “Tu vida es tan difícil” o “¡Es el fin del mundo!” pueden aumentar la vergüenza y empeorar la situación en lugar de mejorarla.
Y por último, perderá la paciencia a veces; todos los padres lo hacen. Lo que más importa no es la perfección, sino la reparación. Pedir disculpas, reconectar y volver a intentarlo le enseña a su hijo/a algo muy valioso: las relaciones pueden doblarse sin romperse.
Las rabietas no son una señal de que usted está fallando; son una señal de que su hijo/a está aprendiendo a expresar y manejar emociones grandes.
