Cuando las manitas lastiman: entender las mordidas, pellizcos y jalones de cabello

Por qué los bebés y los niños pequeños muerden, pellizcan y jalan el cabello?

Si tu peque alguna vez ha mordido, pellizcado o agarrado un mechón de cabello, no estás solo/a. Este comportamiento es muy común y, por lo general, forma parte del desarrollo normal. Los bebés exploran el mundo con la boca y las manos. Alrededor de los 6 a 12 meses, también empiezan a experimentar con la causa y el efecto. Pueden morderte… y luego detenerse para observar atentamente tu reacción.
Si te ríes, pueden pensar que es un juego divertido y repetirlo. Si reaccionas con mucha intensidad, ¡también puede llamarles la atención esa respuesta y hacer que quieran intentarlo otra vez!

A veces los bebés muerden simplemente porque les están saliendo los dientes y les duelen las encías.

Los niños pequeños pueden morder, pellizcar o jalar el cabello por diferentes razones:

Están experimentando emociones intensas (enojo, emoción, frustración, dolor)

Aún no tienen las palabras para expresar cómo se sienten

Han visto a otro niño hacerlo

Se sienten abrumados, cansados, con hambre o sobreestimulados

Necesitan más movimiento y juego activo

Cómo responder cuando un bebé muerde, pellizca o jala el cabello

Con los bebés, lo más efectivo es mantener la calma y ser simples y consistentes.

Usa una respuesta clara y suave como: “No”.

Retira con cuidado su mano (o su boca) y aléjate o colócalo en el suelo para disminuir la atención al comportamiento.

Sé constante: responde de la misma manera cada vez.

Si tu bebé está en etapa de dentición, ofrécele algo seguro para morder, como un mordedero, una toallita fría o un juguete.
Si tiene hambre, una toma de leche también puede ayudar.

Igual de importante: reconoce y elogia el comportamiento suave. Cuando tu bebé acaricia o abraza con ternura, bríndale mucha atención y comentarios positivos.

Ayudando a los niños pequeños a aprender mejores comportamientos

Con los niños pequeños, puedes ser un poco más directo/a sin dejar de mantener la calma.

“No se muerde. Morder duele, mamá.”

Trata de entender por qué ocurre el comportamiento para poder responder de manera más efectiva.

Si tu niño/a tiene emociones grandes pero pocas palabras:

Mantente calmado/a y nombra la emoción:

“Parece que estás muy enojado/a.”

Esto les ayuda a desarrollar conciencia emocional y formas saludables de manejar sus sentimientos.

Si necesita estimulación o tiene hambre:

Ofrécele alimentos crujientes, una taza con popote/pajilla, un mordedero o más oportunidades para jugar activamente.

Si tu hijo/a lastima a otro niño:

Mantén la calma y actúa rápidamente.

Consuela al otro niño y modela empatía:

“Sam está llorando porque pellizcar duele.”

Retira a tu hijo/a de la situación y ayúdale a tranquilizarse.

Una breve disculpa a los otros padres también puede ser de gran ayuda.

Más tarde, cuando ambos estén calmados, habla con tu niño/a sobre lo que ocurrió:

Pregunta qué estaba sintiendo

Habla sobre mejores opciones (usar palabras, pedir ayuda a un adulto)

Anímalo/a a pedir disculpas cuando sea apropiado; esto ayuda a desarrollar comprensión emocional y habilidades para resolver problemas.

Cuándo buscar apoyo adicional

A veces, a pesar de tus esfuerzos, el comportamiento continúa. Está bien pedir ayuda.

Busca apoyo si te sientes:

Cansado/a o abrumado/a

Cada vez más frustrado/a o enojado/a

Evitando actividades por causa del comportamient.

Tu médico de cabecera o pediatra puede orientarte y, si es necesario, referirte a especialistas como un terapeuta ocupacional (OT) o un psicólogo.