Regresión en el control de esfínteres

 

Puede resultar realmente frustrante cuando parece que tu hijo avanza bien en el aprendizaje del control de esfínteres y, de repente, vuelve a tener accidentes. Muchos padres pasan por esta situación, especialmente durante periodos de cambio o estrés. Un niño que utilizaba el orinal de forma constante puede dejar repentinamente de avisar a los adultos cuando necesita ir al baño, empezar a tener accidentes en casa o en la escuela, pedir pañales de nuevo o incluso evitar por completo hablar del tema.

 

A diferencia de los adultos, los niños pequeños no siempre adquieren nuevas habilidades de una manera lineal y predecible. Su desarrollo a menudo avanza a rachas y, en ocasiones, pierden temporalmente destrezas que habían adquirido recientemente. La regresión en el control de esfínteres es, de hecho, muy común y suele ser la forma que tiene el niño de gestionar emociones intensas o cambios en su entorno.

 

Antes de asumir que el problema es de índole emocional, es importante descartar posibles causas físicas consultando al pediatra de tu hijo. El estreñimiento, las infecciones del tracto urinario, las deposiciones dolorosas u otros problemas médicos pueden afectar los hábitos de higiene del niño.

 

Una vez descartadas las causas físicas, considere si ha ocurrido recientemente algo estresante o desconocido en la vida de su hijo. Los desencadenantes comunes de una regresión en el control de esfínteres incluyen:

 

-El inicio en un nuevo centro de cuidado infantil o preescolar

-Cambios en la rutina o en las personas que lo cuidan

-La llegada de un nuevo bebé a la familia

-Una mudanza a un nuevo hogar

-Estrés familiar, conflictos, separaciones o divorcios

-Enfermedades o fallecimientos en la familia

-Miedo o ansiedad relacionados con el baño

-Sentirse presionado o excesivamente controlado durante el proceso de aprendizaje

 

Incluso los cambios positivos pueden resultar abrumadores para los niños pequeños. A veces, dar un paso atrás temporalmente es simplemente la forma en que gestionan esas emociones.

 

Los niños también pueden reaccionar de maneras que desconciertan a los padres. Algunos esconden la ropa mojada o niegan haber tenido «accidentes» porque se sienten avergonzados o apenados. Otros pueden evitar el inodoro por completo, demandar más atención, imitar a niños más pequeños o pedir volver a usar pañales. Por lo general, estos comportamientos no son señales de pereza ni de rebeldía; son indicios de que su hijo necesita tranquilidad y apoyo.

 

Al afrontar una regresión en el control de esfínteres:

 

-Mantenga la calma y evite los castigos o las críticas.

-Hágale saber a su hijo que los accidentes no tienen nada de malo y que usted le ayudará a superarlos.

-Hable con suavidad sobre aquello que podría estar inquietándole.

-Ofrézcale un apoyo, una atención y un estímulo adicionales.

-Mantenga las rutinas del uso del orinal sencillas y constantes.

-Elogie el esfuerzo y los pequeños logros.

-Ayude a limpiar los accidentes juntos, sin generar vergüenza.

-Colabore con los cuidadores o maestros para mantener la coherencia entre el hogar y el centro de cuidado infantil.

 

A veces, realizar pequeños ajustes puede ayudar a que su hijo se sienta seguro de nuevo; por ejemplo: colocar el orinal en un lugar familiar, utilizar calzoncillos de entrenamiento durante un breve periodo o acompañarlo al baño en la escuela preescolar.

 

Si la regresión persiste durante varias semanas o si su hijo parece estar particularmente angustiado, puede resultar útil hacer una breve pausa en el entrenamiento activo y retomarlo más adelante. La mayoría de las regresiones en el control de esfínteres son temporales y, con paciencia, comprensión y apoyo, los niños suelen recuperar su confianza y retomar el buen camino.